
Hoy parece que muchos están interesados en esto de la espiritualidad y también parece que más que nunca esta espiritualidad se vive de formas muy diversas. Esto en principio debería alegrarnos, pero también me genera dudas.
Y es que creo que este fenómeno del regreso de la espiritualidad es, por ahora, una realidad ambigua, ya que puede dar lugar a diversos resultados; pienso que, por un lado, puede ayudarnos a vivir en plenitud saliendo de reduccionismos, pero sospecho que también puede llevar al renacer de la irracionalidad más delirante o del fanatismo fundamentalista más grosero. No creo que esto fuera para alegrarse.
En cualquier caso, lo que parece que cada vez es más evidente es que el modelo tecnocrático, logocéntrico y economicista en el que vivimos es insostenible y debe ser superado.
No es extraño, por tanto, que cada vez más personas tengan experiencias “espirituales” y busquen cómo integrarlas en sus vidas de un modo adecuado. Aquí hay diversidad de “soluciones”.
Para muchos está superado el tiempo de las instituciones religiosas o espirituales, sólo se fían de la búsqueda personal y de la propia experiencia. A partir de ella, interpretan las tradiciones religiosas, las mezclan, las alaban o descalifican según sus criterios.
Otros dicen estar ligados a una tradición sin ninguna práctica, sin atender a las mínimas reglas de pertenencia a esa tradición o sin aceptar los elementos fundamentales de la misma.
No dudo que puedan darse en algunos casos verdaderas experiencias espirituales humanas y humanizadoras entre quienes optan por esta vía, pero no creo que sea el camino más recomendable.
Recorrer el mundo “espiritual” exige tener un hilo de Ariadna para que el subjetivismo y el narcisismo no se traguen todo el “trabajo” y, sin la ayuda de una organización espiritual y una tradición, esto es muy difícil. Lo más fácil será caer en el “narcisismo espiritual”, lo que se llama en el zen la enfermedad zen (quietismo en el cristianismo), que se caracteriza por creerse ya uno “iluminado” por su experiencia y sin necesidad de someterse a las reglas y las enseñanzas de las instituciones y organizaciones espirituales tradicionales.
Otros huyendo de este peligro del narcisismo espiritual buscan evitarlo ingresando en organizaciones espirituales a las que consideran el único lugar válido para vivir la espiritualidad. La organización se ensalza por encima de todo y el sometimiento extremo a las autoridades de esa organización es para ellos el punto central para no equivocarse en su camino. El narcisismo espiritual se refleja aquí identificándose con la organización que tiene toda la verdad y no puede errar en ningún caso. Al identificarme con la institución, cuanto más la ensalzo, más me estoy ensalzando yo mismo. La organización nada tiene que aprender ni debe adaptarse a las personas y a los tiempos, sino al contrario. No se busca la espiritualidad como una experiencia personal transformadora sino como una forma de identificación personal, una ideología que les dé identidad y protagonismo frente a los demás que están en el error o nos persiguen (son inferiores). Se mata así la persona y su espiritualidad y se sustituye por el robot religioso uniformado bajo un mismo patrón, que obtiene el caramelo de creerse en la verdad y ser superior. Unos buscan su identidad comprando coches o mediante buena ropa, otros buscan llenar su vacío interior con etiquetas religiosas que los distingan.
También están aquellos que desprecian las religiones y buscan una espiritualidad más madura, el esoterismo. Para ellos, las religiones son todas expresiones de una misma Tradición Primordial y conducen a la misma experiencia. Las religiones viven la espiritualidad de modo deformado e inmaduro, son infantiles. Habría pues que unirse a un grupo esotérico que nos diera la verdadera experiencia sólo reservada a una élite.
Creo que esta forma de pensar olvida que cada religión es una experiencia única e intransferible, si bien haya elementos comunes y que permiten estar en armonía, enriquecerse mutuamente y entenderse.
Desde mi punto de vista, la división exotérico (externo y masivo) y esotérico (interno y elitista) debe ser superada. El centro de las tradiciones no es el esoterismo sino la mística (que nada tiene que ver con el misticismo sentimental) o dimensión monástica. La experiencia espiritual no es en último término la iluminación, aunque suponga una experiencia iluminadora, sino un estilo de vida que ve en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo sencillo, en lo pobre y feo el lugar por excelencia del misterio. Es la llamada pobreza fecunda cisterciense.
Somos seres incompletos, fragmentados, “caídos” y por nosotros solos no podemos salir de nuestra situación. Necesitamos una “bendición”, la “gracia”, la “influencia espiritual” venida de más allá del mundo humano para salir de nuestra situación, peor que se “encarne” en nuestro mundo mediante una realidad física y material. Esto es lo que hacen las instituciones religiosas y espirituales, ser cadenas de esta influencia y encarnarla en el mundo. Naturalmente la influencia espiritual se daría también más allá de las instituciones religiosas o espirituales.
Creo, por tanto, en la necesidad de incorporarse a una institución religiosa u organización espiritual, haciéndolo de modo flexible, asumiendo lo esencial de su doctrina y de sus reglas y, a la vez, recreando la tradición recibida, sin traicionarla, a partir de la experiencia personal de la verdad espiritual que esta tradición porta.
Formar parte de una tradición nunca puede suponer perder la propia personalidad asumiendo un modelo prefabricado, ni renunciar al modo personal de vivir esa tradición. Las instituciones u organizaciones espirituales deben ser, por ello, plurales y, a vez, a través de una serie de referencias comunes, permitir vivir armonizadas todas sus sensibilidades. Querer uniformar demasiado será matar la tradición, tanto como olvidar los elementos comunes y caer en un puro subjetivismo narcisista. Ambos errores acechan al caminante.
Venho buscando a pertenencia flexible e iniciática, e a encontro na arte.
ResponderSuprimirA arte tem uma função de transcendência. Vivo isto. O sentimento de união com o maior que o simples ego. Desmanchar o ego e a personalidade.
Gostei de encontrar seu blog.
Gostaria muito de encontrar uma pertenência religiosa, mas é tão difícil encontrar um lugar que não seja tacanho ou fechado.
ResponderSuprimirGostei muito do que acabo de ler, aqui no blog.
Penso coisas parecidas.
Ainda não encontrei meu lugar.
Hola Eliane:
ResponderSuprimirEres muy amable al dejar tu comentario en el blog, dices que tu pertenencia al Camino la has encontrado a través del arte, si bien buscas una pertenencia religiosa flexible, pero no has encontrado. Para mí también es importante la pertenencia flexible a una cadena de trasnmisión, en mi caso la encontré en el monacato cisterciense, ahora intento que esa cadena se abra no sólo a los monjes sino a tod@s.
Ojalá encuentres ese lugar que buscas.
Bendiciones.
Muy lúcido tu artículo. El problema de las instituciones, tanto seguidores como elementos jerárquicos de las mismas, es que se olvidan de que éstas son un camino no una meta, y terminan por asfixiar la propia vivencia de quien a ellas se acerca de forma sincera. Por otra parte, las personas sin preparación pueden caer en errores muy graves en incluso peligrosos para ellas y para quienes las rodean. Quizá, una solución está en impartir cultura y desear encontrarla. Fomentar el conocimiento es el primer paso para una vivencia espiritual que nos mantenga también dentro de los límites de la razón y no nos convierta en fanáticos seguidores rigurosos de una institución o de nuestros propios sueños irreales.
ResponderSuprimirUn placer leerte. Un saludo
Hola Hada:
ResponderSuprimirGracias por compartir tu reflexión que enriquece el artículo y transmite sensatez y equilibrio. Enhorabuena.
un abrazo
José Antonio
Me han parecido muy sensatas todas tus reflexiones y resaltaría el fragmento del hilo de Ariadna.
ResponderSuprimirMe alegro que hayas encontrado éste en el monacato cisterciense. Podrías explicar un poco más en que consiste?
Gracias
Estimado propietario del Blog,
ResponderSuprimirLa semana pasada le envié un email en el que le proponía la posibilidad de
incluir alguno de nuestros artículos en su blog. Este era el contenido de mi
email:
Mientras estaba buscando en Internet blogs esotéricos de calidad encontré el suyo. Trabajo para ESO.tv, un website especializado en esoterismo y me dedico a identificar blogs esotéricos de máxima calidad que actualizan sus contenidos con regularidad. El motivo de este email es preguntarle si sería posible:
a) incluir alguno de nuestros artículos en su blog, o bien
b) incluir un link desde alguno de sus articulos hacia nuestro website
Por favor, hágame saber si esto sería posible y le enviaré los detalles. Si tiene alguna pregunta estaré encantado de responderle.
Le ruego me comunique si no recibió mi email o bien si es que no es posible
o no desea publicar nuestros artículos.
Un cordial saludo,
Gabriel Lajtos
http://es.eso.tv/